RECIFE, Brasil — El aumento en los informes médicos de bebés que
nacen con cabezas inusualmente pequeñas durante la epidemia del Zika
en Brasil está encendiendo un feroz debate sobre
las leyes de aborto del
país, las cuales estipulan que es ilegal en la mayoría de las circunstancias.
Prominentes juristas en Brasilia, la capital, preparan un caso
para acudir a la máxima corte de Brasil,
con el argumento de que debería permitirse el aborto cuando se descubre que los
fetos tienen cabezas anormalmente pequeñas, condición conocida como
microcefalia y que, según investigadores brasileños, tiene un vínculo con el
virus.
Un juez del centro de Brasil ha hecho el inusual anuncio de que
permitirá que las mujeres se practiquen abortos legales en dichos casos, con lo
que prepara el camino para una lucha sobre el tema en el laberíntico sistema
legal del país.
Además, aquí en Recife, la ciudad brasileña donde más han
aumentado los casos de bebés nacidos con microcefalia y daño cerebral, que
frecuentemente conlleva, los activistas en favor del derecho al aborto aprovechan
la crisis para contraatacar a los legisladores conservadores que quieren hacer aún
más restrictivas las leyes brasileñas, que ya están entre las más duras de
América Latina.
El nexo científico entre el zika y el daño cerebral en infantes
aún no se ha demostrado; sin embargo, el aumento en los informes de
microcefalia en la zonas de Brasil azotadas por el zika ha causado suficiente
alarma para que la Organización Mundial de la Salud
declarara el lunes pasado una emergencia internacional de salud pública. El
organismo afirmó que sus “expertos coincidieron en que había fuertes sospechas
de una relación causal entre la infección de zika durante el embarazo y la microcefalia”.
Algunos médicos brasileños ya han atendido a mujeres embarazadas
que solicitan abortos debido al marcado aumento de casos de microcefalia. El
médico Artur Timerman, especialista en enfermedades infecciosas en Sao Paulo,
dijo que dos pacientes habían hablado con él en semanas recientes acerca de
interrumpir sus embarazos porque habían dado positivo al virus del Zika.
“Vienen a mi oficina y preguntan: ‘¿Hay probabilidades de que mi
bebé nazca con microcefalia?'”, dijo Timerman. “Necesitamos informarles que sí
las hay. Ellas preguntan si las probabilidades son grandes o pequeñas, y yo les
digo: ‘No lo sé’. Me preguntan qué haría yo en su lugar y les digo que esa es
una decisión personal. Solo que la probabilidad es real”.
“Más adelante, ambas pacientes me informaron que habían
abortado”.
El debate sobre si las mujeres deberían o no tener permitido el
aborto en casos de microcefalia podría tener repercusiones a lo largo de la
región. Se cree que el brote en el hemisferio occidental comenzó en Brasil, el
país con más infecciones de zika hasta ahora. Sin embargo, la epidemia se ha
extendido a más de 25 países y territorios en el continente
americano, algunos de los cuales tienen leyes antiaborto tan restrictivas como
las de Brasil, si no es que más.
La presión por relajar las restricciones trae a colación
detalles complejos sobre la discusión del aborto. Los casos más severos de
microcefalia pueden detectarse con ultrasonidos,
habitualmente, hacia el final del segundo trimestre o, aproximadamente, 24 semanas. Aquellos que se oponen al
aborto en Brasil argumentan que la interrupción del embarazo en etapas tan
avanzadas intensifica una decisión de por sí desgarradora.
“Cuando se detecta la microcefalia, el menor ya está
prácticamente formado y los padres están conscientes de ello”, dijo la doctora
Lenise Garcia, profesora de Biología en la Universidad de Brasilia y presidenta
de Brasil Sin Aborto, una organización en contra del relajamiento de leyes.
“Practicarse un aborto crea una culpabilidad que permanecerá en la mujer por el
resto de su vida”.
El juez Jesseir Coelho de Alcántara, quien ha afirmado que el aborto debería
ser permitido en casos de microcefalia, reconoció la complejidad del tema.
“Sé que esto es muy difícil porque el tema es nuevo. Requiere
una discusión a fondo y persiste una marcada influencia religiosa”, dijo Coelho
de Alcántara, juez en el estado de Goiás. “Sin embargo, mi posición es que se
debería permitir el aborto en caso de microcefalia”.
Aquellos que impulsan las modificaciones a las leyes sobre el
aborto aducen un fallo emitido en 2012 por el Tribunal Supremo Federal de
Brasil, que permite la interrupción del embarazo cuando el feto tiene anencefalia, un serio defecto congénito en el que partes del cerebro o cráneo
están ausentes. Casi todos los bebés con anencefalia mueren poco después del
nacimiento, según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados
Unidos. Sin embargo, la microcefalia es mucho menos predecible. Incluso
cuando se detecta antes del nacimiento, los médicos a menudo no pueden
precisar cuáles serán los efectos, lo que hace aún más complicada la decisión
sobre el aborto.
Los cálculos sobre el número de abortos ilegales en Brasil
varían ampliamente. Académicos brasileños, que se basan en registros
hospitalarios donde se indica que unas 150.000 mujeres buscan cada año atención
médica por complicaciones derivadas de abortos ilegales, estiman que se
practican casi 850.000 abortos ilegales en
el país.
Si bien las leyes brasileñas sobre el aborto son menos estrictas
que las de otros países latinoamericanos (en El Salvador, por ejemplo, el
aborto no está permitido bajo ninguna circunstancia), los procedimientos
ilegales no son tratados a la ligera.
Una mujer brasileña fue esposada a una cama de hospital y arrestada
luego de que buscara atención médica por un aborto fallido. Un juez de la
ciudad de Campo Grande sentenció a otras mujeres que se habían sometido a
abortos ilegales; la sentencia consistía en hacer servicio comunitario en centros de cuidado infantil, con el
argumento de que eso les enseñaría a amar a los niños. Se autorizó a una niña
de 9 años, que dijo haber sido violada por su padrastro, para que se sometiera
a un aborto en Recife, pero solo después de una acalorada batalla nacional en la que
los funcionarios superaron las objeciones de los líderes religiosos.
Débora Diniz, antropóloga e investigadora en Anis —un grupo a
favor del derecho al aborto que prepara una demanda para legalizarlo en casos
de microcefalia—, equiparó la crisis del zika con la larga lucha para permitir
el aborto en casos de anencefalia, que duró cerca de una década.
“Tenemos una epidemia, una emergencia, y la salud pública no
está cuidando apropiadamente los derechos de la mujer”, dijo. “Nuestros
derechos constitucionales están en riesgo. El derecho al cuidado de la salud y
el derecho a la dignidad humana”.
Los dirigentes religiosos juran que resistirán cualquier
esfuerzo por modificar las leyes.
“Nada justifica
un aborto”, dijo el reverendo Luciano Brito, portavoz de la Arquidiócesis
Católica de Olinda y Recife, ante reporteros. “Solo porque un feto tiene
microcefalia no cambiaremos nuestra postura”.








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